10: Amenaza

-Pasa, -dijo aquella voz sin ninguna emoción mientras la joven a la que aludía se deslizaba entre dos enormes piezas de cristal templado; justo para después tomar asiento enfrente del enorme escritorio de roble. Se desabrochó nerviosamente los dos primeros botones de su levita roja, de corte moderno; pensando en lo mucho que lucía su interlocutora como un muchacho ahora que se había cortado el cabello.

-¿Cómo están ellos? ¿Uriel sigue en Panamá?- Un torrente de preguntas, Joffiel, Ullian, y Uriel estaban recelosos después de que ella dejara ir a su brazo derecho “no digas más de la cuenta”, le había advertido Ullian Atkins en la mañana previa a aquella entrevista, pero Joffiel había sonreído enigmática como siempre, levantando el arco de su violín en un gesto quizá demasiado teatral antes de decirle con su peculiar voz de soprano “dile lo que quiere saber, y si te pide algo, hazlo; sólo regresa antes del 25 ¿de acuerdo?”

Joffiel debía saber lo que hacía; a pesar de su aniñada apariencia y la impresión que daba, de ser una muñeca que podía romperse de un momento a otro, Joffiel Atkins era la única persona que podía describir con mucho detalle el futuro inmediato; a excepción de Danielle Dirae, quien era mucho más exacta aunque también más peligrosa.

“No le preguntes sobre Dannae”, le había susurrado en secreto Uriel, mientras aparentaba el beso en la mejilla. Ella la había mirado extrañada durante un segundo, sondeando sus verdes ojos felinos, pero al final asintió, conformándose sólo con sus desconfiadas, aunque bien intencionadas advertencias; después de todo, parecía improbable que la dejaran ir después de tanto tiempo.

Y de vuelta en el presente, Ananké Nyx fijaba su penetrante mirada en ella. Seguía igual que siempre, con su belleza exquisita y su actitud de hombre de negocios, aunque un poco más sombría ahora sin Chris parado a su derecha… justo como un perro fiel. Quizá sólo fuera el corte de cabello lo que la hacía lucir así.

Una arruga apareció en la frente del andrógino ser frente a ella, y su mirada relampagueó amenazante, aunque sólo un poco. Se arrepintió de haber comparado a Chris con un San Bernardo o un pastor Alemán y bajó la mirada durante unos segundos, más atemorizada que avergonzada; pero lo cierto es que Christian Gabrielli no le caía muy bien que digamos.

Al final, Ananké habló de nuevo, con su sonrisa más diabólica, mientras se retorcía un pequeño mechón de cabello y la misma voz monocorde de siempre, mirando ausente hacia la chimenea – ¿Nina?

Ella respondió después de unos segundos, – ¿Sí? Por alguna razón se sentía insegura y temerosa. Ahora entendía lo que Joffiel le había dicho hacía unos años, que debía darle algo de crédito a Christian Gabrielli, ya que era el único ser que podía resistir la aterradora fuerza que emanaba de Ananké Nyx.

Y era aterradora en verdad, a pesar de su extrema belleza, sus ojos pardos eran como dos agujeros negros: un abismo sin fondo ante el cual uno se encuentra maravillado y aterrado.

-Necesito que te enfoques más a cuidar a Joffiel, Nina, me parece que los Bradford están planeando algo; terminó por decir mientras examinaba su reacción.

Nina Zadchys se quedó atónita. Sólo sabía de un par de personas de las que Ananké Nyx se cuidara; una estaba muerta, y la otra era Lucius Bradford, su sobrino.

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