Ilusiones de vida y sueños de muerte. De eso trata Memento Mori. Después de mucho mucho tiempo, la escritura vuelve a mi vida como algo catártico. Han pasado bastantes cosas; y con ellas mi entendimiento del mundo que amaba, de la gente que amaba ha cambiado. No pienso exponer mi intimidad a las pocas personas que pasen por aquí, sino la historia que que ella me ayudó a desarrollar.
Con el pensamiento de mis creaciones se entrelazan mis propias creencias, a pesar de que mi dialéctica y mi vocabulario se han visto fuertemente mermados gracias a la universidad, contrario a lo que pudiese pensarse.
Así pues, espero que los pocos que se pasen por aquí disfruten de lo que he creado, que no son sino las reflexiones que se han acumulado en mi consciencia poco a poco.
Premonición
Ah; la sensación de ser engullida por el vacío, de asfixia, el vértigo constante, en ascenso. ¡Sentía el miedo! Lo último que vi, fue el adoquinado, magnificándose a una velocidad pasmosa; y entonces, me convertí en una masa sangrante de músculos y huesos destrozados.
Sobre el amanecer purpúreo, un punto frío se extendió sobre mi rostro. Ganímedes. Llevándome hacia el sueño eterno con sus ojos de turquesa, llenos de brillante maldad. “Estoy contigo. Y después de esto, estoy en ti.” El día continuará igual que siempre, las aves cantarán, los niños irán a la escuela, harán su tarea y el sol se ocultará después. Sin embargo, éste día es el último para mí.
La caída seguía recorriendo mi cerebro; después hubo aquella sutil caricia. “Nos veremos otra vez.” Profundos ojos grises, sonrisa gentil. Gabriel. Otra masa sangrante, justo como yo, a mi lado, resistiéndose con todas sus fuerzas mientras yo me entregaba al vacío infinito de la muerte.
El cálido susurro en mi oreja se convirtió en un agudo pinchazo, en… en nada.